TEMA 8
EL CUERPO COMO BASE NATURAL
1. EL CEREBRO
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1.1. UNA ESTRUCTURA COMPLEJA
El cerebro es una
estructura compleja formada por neuronas interconectadas a través de sinapsis. Según los estímulos
recibidos se activan distintas áreas o centros neuronales para dar respuesta a
diferentes funciones humanas (movimiento, visión, lenguaje, emoción, decisión,
valoración, etc.).
Existe una relación entre
áreas específicas del cerebro y las funciones correspondientes.
En el siglo XIX se planteó
el epifenomenalismo: la actividad cerebral es la causa real de los estados
mentales, que son un simple efecto irrelevante e inconsistente.
Esta interpretación fue rechazada
por el vitalismo de Bergson. Hay una relación entre ambos tipos de fenómenos, pero
no una simple causalidad.
1.2. MENTE Y CEREBRO
Aunque hay acuerdo en la
existencia de una relación entre el cerebro y la mente, se dan distintas teorías
sobre la naturaleza de esa relación:
1. El materialismo reduccionista
(o teoría de la identidad).
La actividad mental es
idéntica a la actividad cerebral, se reduce a ella, se puede explicar en
términos neurológicos.
2. El materialismo
eliminativo.
Aquella reducción debería implicar
una eliminación. La neurología debe abolir sin más la existencia de los
procesos mentales, que han sido concebidos por la psicología popular.
3. El materialismo no
reduccionista (u ocasional).
La mente es irreductible
al cerebro. Aunque hay correlación, cada estado mental se relaciona con varios
estados cerebrales.
Actualmente predomina la
concepción emergente: la mente como una entidad única e indivisible que se corresponde
con el cerebro en tanto que estructura global. Así, la complejidad de la
conducta humana depende de la acción conjunta de todas las estructuras neuronales.
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2. LOS IMPULSOS Y EL INCONSCIENTE
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El psicoanálisis de
Sigmund Freud ha influido no sólo en la psicología, sino también en la
filosofía, las ciencias humanas, el arte y la cultura.
2.1. CONCIENCIA E
INCONSCIENTE
1. La conciencia
La conciencia (cum scientia) es un estado mental consistente
en “darse cuenta” de algo. Tiene una dimensión psicológica y gnoseológica.
Además, al ser el origen
de la acción consciente y voluntaria, adquiere una dimensión moral respecto de
las repercusiones de la acción.
2. El inconsciente
La mayor parte de la vida
psíquica es inconsciente y, por tanto, escapa a la conciencia (estado
fisiológico del cuerpo, acción refleja, sueños, pasiones, deseos ocultos, síntomas
neuróticos, fantasías, delirios etc.).
Los impulsos inconscientes
influyen sobre el individuo de manera permanente sin que este se dé cuenta.
Jung extiende la noción de
inconsciente a la historia y la sociedad (inconsciente colectivo). Lacan cree
que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
2.2. LOS IMPULSOS
Los impulsos (de autoconservación
y sexuales) están ligados a la naturaleza corporal de nuestro cuerpo. Son
exigencias biológicas. Buscan siempre su satisfacción inmediata e incondicional:
principio del placer. Sin embargo, muchos impulsos son incompatibles con la vida
en sociedad, son reprimidos u obligados a modificar la forma de satisfacerlos:
principio de realidad.
Freud distinguió, más
tarde, entre dos tipos de impulsos. Por un lado, los sexuales -que incluyen a
los de autoconservación- o libido (Eros,
pulsión de vida); por otro, los agresivos y destructivos (Thánatos, pulsión de
muerte).
2.3. EL ELLO, EL SUPERYÓ Y
EL YO
Además, hay que distinguir
tres instancias de la personalidad, siempre en conflicto mutuo.
1. El ello
Ámbito de los impulsos sexuales
y agresivos. Si no son satisfechos, generan procesos psíquicos sustitutorios.
2. El superyó
Ámbito de las normas sociales
interiorizadas en la infancia como valores morales en la edad adulta.
3. El yo
Ámbito de la conciencia.
En él luchan, con exigencias contrarias, los impulsos del ello y las prohibiciones del superyó. El yo, guiado por el principio de realidad, ha de
imponerse a ambas instancias. De lo contrario, se producen consecuencias
negativas, bien por chocar con la sociedad, bien por intervenir la represión y
la neurosis.